¿Acampemos? Recordando el agradecimiento

Anoche me levanté a las 5 de la madrugada a buscar un remedio que tenía en el auto. Me puse unas hawaianas, porque por alguna razón desconocida mis pantuflas no estaban y sobre el pijama, mi polerón Kido (https://goo.gl/images/DWR4dR) de esos que solo venden en Pucón – que son como ponerse una oveja encima.

Era de noche, el cielo estaba cubierto por la vaguada costera y el patio tenía ese olor a rocío sobre tierra y pasto tan característico de los campamentos por la noche. En dónde la carpa se humedece por fuera mientras uno dentro se siente protegido y abrigado.

Y en ese momento pasé de la noche a la mañana en mis recuerdos y recordé un té caliente que me sirvió Luis en un campamento de Hornopiren (https://g.co/kgs/jfLWxS) una mañana muy fría de verano sureño, con suelo de tierra y rio y paredes de rocío y hierba y el olor a madera quemada de la caldera del lugar que nos aprovisionaba de agua caliente.

Manos frías calentándose en la taza, un buen gorro de lana, calcetines y zapatos de invierno y al menos 3 capas protegiendo la integridad física de toda la familia. El olor característico a tierra húmeda, el aire puro que entra y enfría tu nariz y la pone roja, el sonido permanente del río, el sabor del agua hervida fuera de casa, el pan amasado, el queso y/o la mermelada de los alrededores en un comedor rústico, básico, equipado o improvisado, pero de campamento al fin y al cabo. Y todo sabe más rico que en casa y todo se agradece desde lo más profundo de nuestro ser.

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Sembrando Perspectivas

Hace muchos años atrás, en un ramo de investigación de operaciones de la universidad, tuvimos que hacer una tarea en grupo que consistía en averiguar sobre las antenas de telefonía celular. Uno de los compañeros del grupo, se entrevistó con un ejecutivo de una de las compañías del momento, Bell South si mal no recuerdo, y éste le explicó que cada antena cubría de manera hexagonal una área y se ubicaban maximizando el área de cobertura.

Con esa poca información, hicimos un informe que planteaba una función de minimización de traslapes, con la restricción de aplicarse en áreas hexagonales. Entregamos, expusimos y nos fue muy bien.

Hoy casi 30 años después de haber hecho esa tarea me pregunto, ¿alguien habrá pensado o relacionado los hexágonos de las antenas con el hogar de las abejas? Nosotros no, ni siquiera se nos pasó por la mente. Y en mi caso me maravillé con la tecnología y con la cobertura hexagonal. Y me pregunto, los creadores de esta tecnología ¿habrán evaluado las consecuencias medioambientales de implantarla? Me imagino que no. Y hoy hay estudios que vinculan la muerte masiva de abejas con las antenas de telefonía celular, no siendo la única causa.

¿Por qué no nos hacemos las preguntas correctas antes de implementar soluciones para la vida? ¿Por qué no visualizamos los riesgos negativos donde importa – en nuestra casa, nuestro planeta, en nosotros mismos?

En realidad a veces pienso que desde que empezó la industrialización, los seres humanos, nos hemos maravillado con los resultados y no pensamos en las consecuencias potenciales que podrían generarse.

¿Cuanta chatarra hemos tirado al espacio?

Quizás antes pensábamos que la tierra era tan basta que era imposible dañarla, pues bien, estábamos equivocados y hoy pensamos lo mismo del universo y seguramente también estemos equivocados y las interacciones de esas chatarras flotantes con otras partículas del espacio nos traigan de regreso visitas inesperadas e indeseadas.

Hoy es fácil encontrar publicaciones que vinculan avances y/o su efectos colaterales en todo orden con enfermedades en plantas, animales, humanos, la tierra. Todos seguramente hemos escuchado o leído acerca del calentamiento global, las fuentes de emisión de gases contaminantes, el mal uso de distintas fuentes de energía, consecuencias de su explotación, efectos por el uso de plásticos, el microondas, los pesticidas, alimentos industrializados, vegetales modificados, las redes inalámbricas, etc.

No por nada en la película The Matrix (1999) el software -Agente Smith– dice que los humanos somos un virus, porque nos trasladamos a un área y nos multiplicamos y multiplicamos hasta consumir cada recurso natural existente y la única forma de sobrevivir es instalarse en otra área.

Sin ir mas lejos ayer mi hija mayor me compartió esta publicación:

twitter purowebeoo1

Habiendo pruebas de que existe conciencia de nuestro mal comportamiento y de movimientos antídotos y preventivos de nuestra autodestrucción, lo que daría para una gran columna, los invito a reflexionar al respecto  y preguntarse: ¿Somos capaces de escapar de nosotros mismos y a la vez reencontrarnos con el lado de la naturaleza que nos invita a co-crear de manera armónica con nuestro entorno?

Bienvenidos a sembrar esperanzas.

MIP