Piedra de Río

Deseo llegar a ser flexible como el agua que se adapta a la cuenca del río, la que a su vez moldea y define a cada instante.

O ser la piedra del río, que casi imperceptible a nuestros sentidos, se moja y se seca una y otra vez por miles de años, evolucionando a su modo, agitándose por las corrientes de quien la albergue, expandiéndose o contrayéndose por los cambios de temperaturas de un día en particular o por el transcurrir caprichoso de las estaciones del año, vibrando cada día por el sol y la luna, la visita de un cometa, la alineación de los astros, su entorno energético más cercano y claro, siempre estamos nosotros, los seres humanos, para sorprenderla con algo inesperado.

Mientras estoy sentada con el agua hasta más arriba de las caderas en el río Cochiguaz, que corre frío y lleno de energía renovadora, siento las piedras en mis piernas, las tomo, las observo, las aprecio, las quiero y las dejo ir, pero mi espíritu no y viaja con una de ellas.

Me dejo arrastrar lentamente por las aguas, golpeándome junto a otras como yo al tiempo que le regalamos al río su sonido característico en cada choque, mientras el agua corre sin prisa para unirse a otras corrientes. Y en ese largo camino, me arrastro y moldeo tomando forma suave y redondeada, aún cuando el camino no siempre es amable y tiene tramos agrestes, no puedo evitar nada y creo que podría llegar a enterrarme en el lodo o transformarme en el hogar de otras formas de vida, para permanecer ahí por mucho tiempo, pero no sucede nada de eso, sigo avanzando, puliéndome una y otra vez, a veces en grupo otras veces sola, entre piedras, musgos y peces, achicándome en una ruta eterna hasta transformarme en el más fino de los granos.

Al regresar del viaje reflexiono y digo “Soy Piedra de Río”, recorro caminos a veces ásperos, a veces suaves, en compañía o sola, pero finalmente y sin darme cuenta en ese dejarme llevar por las aguas fui comprendiendo que ser nada me conducirá a comprender el todo.

Un día perfecto

El segundo sábado de enero me desperté antes que sonara el despertador, con un poco de dolor de espalda en la cervical, pero con energía, no como en los días de semana que lo único que anhelo es seguir durmiendo. El día estaba iluminado y el día anterior había hecho mucho calor, lo que auguraba una mañana agradable. En un dos por tres salí de la cama, silencié la alarma para no despertar al resto y llamé a mi hija Gala por whatsapp en modo despertador, teníamos varias cosas que hacer juntas esa mañana.

Una grata sorpresa me llevé, primero que nada, cuando me contestó, segundo, rápidamente y, tercero, me informó que estaba bañada y vestida desde hacía algunos minutos.

Caminé con sigilo hacia el baño y cerré suavemente la puerta – como nunca porque soy lejos la mujer más ruidosa y caña hueca que existe en las mañanas, tomé una ducha tibia, me sequé, me vestí y algo arreglé mis cabellos, como de costumbre. Vestirme los fines de semana es tan fácil, siempre escojo lo mismo y me siento bien. Además, desde que se quebró el espejo de cuerpo entero de mi dormitorio muchas veces salgo como creo que me veo y ese día no fue la excepción.

Todo lo hice en tiempo y partimos a buena hora. Aprovechamos de llevar a mi hijo mayor a otro lado y sobreviví a dos adolescentes por alrededor de 15 minutos en el auto y fue agradable.

Luego, solo con Gala, la complicidad que nos une, desde que supe que iba a ser su mamá, inundó toda la mañana, tomamos desayuno en sturback, canjeé una bebida gold y secamos el saldo de la tarjeta del local aprovechando la oportunidad de estar juntas. Ordené mi cartera (bolsa) mientras bebíamos nuestros respectivos cafés con leche de almendras, un cappuccino vainilla y un mocaccino sin crema para ser exacta y conversamos de La Feria del Libro que abren cada verano en Viña del Mar y de los huevos en polvo con lo que habían hecho mi “egg no sé qué” (un batido de huevo deshidratado con cubitos enanos de jamón y pimiento rojo servidos como dos flanes tamaño XS sobre un plato bajo con dos tostadas bastante grandes) que no sabían nada mal y me dejaron bastante satisfecha y curiosamente sin hipo.

No sé cuantas cosas hicimos esa mañana, solo sé que fueron muchas y todas entretenidas y cuando parecía que todo se iba al carajo, de alguna manera volvíamos a entrar en onda. Esa mañana le dije a Gala que hasta hace algunos meses sufría de unos dolores de cabeza de la ¡puta madre! que la sorprendió y nos hizo carcajearnos porque no es mi costumbre hablar así con ella, usando palabrotas, pero yo estaba en modo free hasta que vi la hora y me di cuenta que eran cerca de la una y todavía no pasaba por la farmacia, no compraba la comida para las gatas y tenía a Camilo en casa con los demás niños y mi madre de 87 años, que requiere asistencia para poder salir con ella y ya no es prudente dejarla sola en casa porque se puede caer o tomar los medicamentos equivocados, por mencionar alguno de los riesgos que mitigamos a diario en casa.

Desde ese momento, ya nada fue igual, mi respiración se aceleró, tomé decisiones, la farmacia tendrá que esperar. Y partimos camino a casa, haciendo un alto en el supermercado para comprar la comida de las mascotas y algunas cosas que hacían falta, una parada rápida y efectiva.

Una vez en casa, como nunca un sábado, que acostumbramos a desayunar a las doce y almorzar a la cinco, a las dos de la tarde el almuerzo estaba muy avanzado, gracias a Camilo que había salido cerca de casa por pescado, hecho ensaladas y a mí solo me pidió preparar un cuscús, que hice con mi hija menor de cuatro años, le agregamos tomate, palta y una hoja picada de albahaca fresca.

Almorzamos tres de cinco, mi madre se sentía mal y se quedó en su dormitorio y nuestro hijo mayor dormía.

El almuerzo estaba exquisito, pescado frito, ensaladas, cuscús y jugo de manzana con hielo hecho en nuestra maquina de prensado en frio. Light, sano y delicioso.

Como nunca, no mencionamos el postre, y los comensales se fueron levantado uno a uno de la mesa, retiramos las cosas y con Victoria fuimos al patio a llenar de agua su piscina de uno por uno metros cuadrados, instalé el quitasol, nos embetunamos de bloqueador, vestimos bañador, llenamos la piscina de juguetes y nos metimos ensombreradas a jugar a la familia.

Ese sábado el calor por la tarde se sentía insoportable fuera y dentro de la casa y mi cuerpo pedía agua. De fondo escuchábamos a Camilo perfeccionar su versión de Whish you were here de Pink Floyd en su guitarra regalona, la electroacústica, que compró de segunda mano hace unos meses a un conocido que dejaba Chile para instalarse en Italia. No fue un regalo, pero el precio era de esas oportunidades que pocas veces se presentan en la vida de los adictos a la música.

Los adolescentes de la casa, cada uno encerrado en su dormitorio dormía o creaban su adulto con sus actividades de preferencia o a partir de las series de culto que solo ellos ven, lo que no es raro, ya que dedican gran parte de su energía para crecer y evitar los quehaceres de la casa, y definitivamente es más llevadero que tratar con su rebeldía. Aunque siendo justos, tienen sus momentos de ternura y equilibrio como los de hoy en la mañana.

El suelo donde instalamos la piscina recibió tanto sol en los últimos días que al sentarme dentro de ella percibí la radiación subiendo desde la tierra. No sé cuánto rato estuvimos en ese placentero y armonioso descanso. En un instante de observación consciente me di cuenta de que el árbol que está frente a nuestro patio por fuera, en la quebrada, está a punto de entrar por la reja y que al otro lado de la quebrada hay una casa blanca con rosado, estilo “barbie”. El bosque en la quebrada que nos separa de los barrios del frente me pareció unirnos más que separarnos, cuando justo sentí un disparo o tal vez un neumático reventar y recordé todo lo que ha acontecido en el último tiempo en Chile producto de la enorme desigualdad social que existe. “El estallido social” que inicio el 18 de octubre de 2019 (el 18/O) que buscar generar los cambios que mi generación y muchas otras no fuimos capaces de liderar. Entonces, agradecí en lo más profundo por ser parte de ese 5% del país que gana más de $500.000 al mes (US$640/mes o UE$600/mes) gracias a que tenemos educación universitaria los adultos de la casa y una estrella que nos protege. ¿Y los del frente?  Cientos de casas y edificios de diferentes calidades en sus estructuras, modelos y data, algunas casas hechizas de multimaterialidad, otras más tradicionales, pero en ninguna prima la estética en total armonía con su entorno, es gente de esfuerzo como muchos en este país y me gustaría creer que así somos la mayoría, pero me cuesta creerlo cuando la vida te demuestra que “hay de todo en la viña del señor”. Mi hija me sacó de mis reflexiones y continuamos con nuestro juego, me tocaba alimentar a un muñeco de esos que se hacen pis para luego ponerlo sobre la bacinica.

Al rato, empezó a correr una brisa que agradecí con el alma, nos salimos del agua nos secamos un poco y Camilo nos trajo unos cereales para comer. Se detuvo la guitarra y pusimos música nosotras. A Victoria le encanta la música. Subí al comedor y me encontré a mi madre llegando desde su dormitorio, se sentía mejor, le servimos almuerzo, comió todo, y se tomó su té sagrado de sobremesa.

Camilo partió a comprar a la feria del Estero en el sector que está seco y que cruza Viña del Mar de oriente a poniente. Fuera de casa la brisa ya estaba fría pero dentro todavía conservaba el calor de las primeras horas de la tarde, entonces me puse a lavar los platos para disfrutar el agua fría entre mis manos, pero también lo hice porque en la interna sentí la necesidad de agradecer a Camilo por el rico almuerzo que había preparado y por haberse quedado en casa por la mañana para que yo pudiese salir.

El dolor de espalda y el escaso espacio en el secador de platos interrumpieron mi faena y dejé la mitad lavada y la otra ordenada pero sucia, pero daba lo mismo ya que generalmente los fines de semana tratamos de lavar lo mínimo para que realmente descansemos, porque somos tantos en casa que lavar la loza a veces se transforma en una tarea muy dura que además nos quita mucho tiempo, más cuando somos dos los que aperramos la mayoría de las veces. Y cuando el voluntarioso de Camilo se hace cargo de esta tarea se nota porque la cocina queda como nueva, en cambio cuando yo la asumo, solo a lo que me asegura el agua en las manos.

Justo cuando terminaba en la cocina mi pequeñita me buscó nuevamente para jugar, nos cambiamos de ropa, nos pusimos algo más abrigado y salimos al patio nuevamente, esta vez a regar las plantas del patio con el agua de la piscina aprovechando que el sol se había escondido detrás de las casas del frente. Ella con su hermosa regadera y yo con una botella plástica que llenarla me obligaba a agacharme una y otra vez, hasta que la cambié por un recipiente más grande, pero más pesado.  Y ahora el dolor de espalda no era el mismo, era unas vértebras más abajo. Pero valió el esfuerzo, porque fui consciente de que estábamos haciendo todo lo que yo anhelaba hacer en esta casa con patio, relacionarnos con la tierra a través de la quebrada, las flores, un huertito, los árboles de limones y todas las plantas que hemos adoptado y plantado en el último tiempo y que fuimos regando una a una. Hasta un zapallo parece que está creciendo en un hoyo que hice para botar los deshechos orgánicos que generamos y que en la compostera no nos caben.

Y sin proponérnoslo, estamos enseñándole a nuestros hijos a relacionarse y a respetar a personas con diferentes realidades sociales, nuestros vecinos de barrio, los del frente de la quebrada, los que viven en la quebrada y pasan cada mañana y tarde con sus caballos, los ocupas que también viven camino a la quebrada y todos aquellos con los que nos relacionamos en nuestro día a día desde esta casa.

Son pocos los días en el año en los que nos quedamos en casa y “no hacemos nada”, como ese sábado del 2020, pero son días tan llenos de cosas simples que se transforman generalmente en los mejores que atesoraremos por siempre.

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Carta para el año 2020 por Paloma Grandón

Cuando me plantearon en Masticadoresdeletras el desafío de escribir una carta al año 2020 lo primero que se me vino a la cabeza fue: “¿qué le voy a decir al año 2020?”, “¿qué es un año?, ¿lee, oye, concede deseos?”. Pasaron varios días y muchas ideas vinieron a mi mente en torno a este desafío y entonces trabajé en recrear una definición: “Un año son 12 meses, 365 días, 8.760 horas, muchos minutos y una buena millonada de segundos, es decir un año es un periodo de tiempo finito, delimitado por un inicio y un término, ambos creados por convenciones religiosas, el 1ro de enero y el 31 de diciembre, respectivamente”.

También mis ideas divagaron por el lado tradicional de sembrar esperanzas y esos rollos, me dio una lata gigante ponerme a desear cosas relativas a iniciar, corregir, cambiar algún aspecto de mi vida o de la vida de las personas o del mundo entero – que de seguro a todos nos hace falta, y menos lata pero abulia igual agradecer por lo bueno y las lecciones aprendidas y toda esa joda que en el último tiempo me ha costado muchísimo reintegrar en mi vida.

Así es que, después de esto y aquello les presento el resultado:

Viña del Mar, 28 de diciembre de 2019

Bienvenido y esperado Año 2020,

no te detengas por nosotros por favor (muchos quieren detener el tiempo), porque no sabemos lo que eso significa, ni lo que podría suceder en tal caso. Nosotros podemos atrasar y adelantar nuestros relojes, llevar una vida slow o muy agetriada, llegar atrasados a todos lados, anticiparnos a los hechos o dormir un día entero o varios con el fin de hacer como que no avanzas. También podemos angustiarnos por no alcanzar a realizar todo lo que nos planteamos dentro de un periodo de tiempo, ni todo lo que nos asignan, lo que la vida nos pone por delante, pero eso no es culpa tuya, muchas veces es culpa nuestra porque no sabemos decir a qué no, no nos imaginamos los efectos de todo eso o simplemente es así no más. Durante tu paso o el nuestro por tu finita duración, podemos tener experiencias que nos hagan sufrir, alegrarnos, decidir ser mejores o peores personas, podemos ponernos metas como: bajar de peso, comprarnos un auto, ser mejores padres, hermanos, abuelos, hijos, dedicarle más tiempo a nuestra pareja, a nuestras mascotas, cuidar nuestro planeta, ecopensar, ser parte de y no ser el problema de, ser menos enojones, lo que sea, pero creo que todo eso te vale madres porque te imagino como un testimonio en una carrera de relevo, un palito de muchos que conforman el tiempo, pero sin conciencia. Una pequeña parte de un infinito espiral de pasado presente y futuro que dudo que percivas, al menos en la manera que nosotros comprendemos la existencia, los efectos que generas en nosotros, los seres humanos.

Reflexionando, creo que la tarea es nuestra, tenemos que tomar conciencia en positivo del tiempo.

Para bien o para mal, la vida siempre avanza, el tiempo no da tregua y cada experiencia se suscita por una causa que a su vez también fue el efecto de otra causa y así, sucesivamente fue hacia atrás y será hacia adelante y si nos ponemos a imaginar en todas las posibles interacciones, esto crea una trama potencial de posibilidades que podría ser infinita. Pues bien, esa misma causalidad se vivirá en tu paso, año 2020, y gracias a todas estas convenciones que hemos creado podremos tener muchas referencias para describir lo que hicimos en lo que llamaremos pasado y lo que haremos en lo que llamaremos futuro.

Seguramente, y ojalá así sea, en los presentes gloriosos de reflexión,—antes que se transformen en pasado, seremos concientes y sacaremos provecho de las experiencias vividas y ojalá certeros en proyectar los futuros acontecimientos en base a la intuición, la buena fortuna de tener una estupenda red neuronal o el simple azar.

Querido año 2020, para despedirme, no me queda más que desearte suerte en el resultado del resumen que se proyecte en los medios de comunicación a fines de diciembre del 2020 y desear conciencia planetaria y espiritual a todos quienes seremos responsables de construir tu fama.

Con cariño,

Paloma

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Crisis

Llego a mi trabajo me siento frente al computador y no sé qué hacer. Es como si todo estuviese listo y es un despropósito que yo esté ahí. Repaso temas en mi mente, pero mi imaginación es más fuerte y de aburrimiento visualizo un camino largo en algo así como un bosque en donde me encuentro con cajitas cada ciertos metros con las tareas pendientes de casi cero importancia. Solo verlas, me cansa. Entonces, continuo avanzando por ese largo camino de suelo blanco, árboles flacos con algunas hojas verdeclaro,— como un ficus que orinó una de nuestras gatas y cayó en desgracia, mientras los rayos de sol que arremeten en la trama se encargan de iluminar todo de inmovilidad y aburrimiento.

Alguna vez trabajar fue mi gran pasión y me sentí muy satisfecha de mis contribuciones, también aprendí que siempre hay alguien que se aprovecha de tu nobleza y los que no te respetan, pero en contraposición los que te agradecerán toda la vida el haber compartido tus conocimientos y tu tiempo para comprender, o al menos intentarlo, acompañar, guiar con paciencia, enseñar sin egosimos y caminar, alcanzar y no alcanzar metas juntos. También estarán los que por alguna razón inexpicable no te quieren y la gente rara, los menos afortunadamente, que trato de no juzgar por filosofìa y porque jamás me he interesado por ellos, salvo que desee practicar la compasión o bien desahogarme lanzando unos garabatos al aire para después regresar a la culpa y de ahí a la compasión otra vez. Aunque, últimamente ya no siento mucha culpa por mandar a la mierda a alguien.

Rodeada de todos y de nadie, en ese entonces, sentía como mi sangre fluía llena de ganas y pasión por avanzar en la concresión de proyectos, mejorar la eficacia, la eficiencia, eliminar papeles, ayudar a otros, gestionar apoyando y acompañando, deseosa siempre de aprender y aplicar cosas nuevas, sintiendo la presión a todo gas y disfrutándola. Uff que droga más potente, rica y autodestructiva es tu propia adrenalina.

Y por eso mismo, hoy no quiero volver a esos tiempos, porque de alguna manera me drogué tanto, que olvidé quien era y hoy me gusta ser libre, estar conmigo misma, con quienes quiero, en paz, cuando quiero, sin molestias, sin celos, sin apegos, sin compromisos, solo por el amor primero. Pero aun así paso 9 horas diarias en una caja de 2 x 2 que me alberga y a la vez me ahoga.

Sé que es tiempo de salir de ahí, pero no me preparé para eso. Me dejé llevar por el amor y la utopía de la familia feliz y claro que soy feliz cuando veo a mis hijos crecer y más cuando me dicen cuanto que me quieren solo con mirarme o cuando me sorprenden con sus avances por sobre mis espectativas, en un camino que a veces se me hace tan pero tan lento, tan pero tan satisfactorio, tan pero tan agobiante y frustrante. Y por eso siento que estoy pendiendo de un hilo. Hay días en los que no quiero llegar a casa, porque generalmente soy para todos los que ahí habitan y aunque me ayudan en mis responsabilidades, ya no quiero tenerlas. Solo quiero dormir por muchas horas para recuperarme de un cansancio que parece infinito.

Me cansé de ver los zapatos en el living y los calcetines sobre el sillón, de pedir dignidad, empatía y orden,me cansé de que me quiten el celular para ver monitos justo cuando lo necesito, me cansé de que me ignoren, se burlen y no me respeten, de no tener tiempo para tocar el piano a solas y sin interrupciones, de hacer tanto los fines de semana, cuando se supone que debemos descansar, me cansé de la adolescencia irreverente, irrespetuosa, tirana, floja, individualista y mezquina. Me cansé de la energía que emana de cada escena fuera de la armonía. Y me transformé en un chanchito de tierra que llega a casa y se esconde en sí mismo porque ya no ve más opciones.

La necesidad de libertad que tanto marcó mi adolescencia sigue viva y me corroe el alma, entonces me imagino corriendo lejos hacia la nada a pies descalzos, pero sé que no puedo lograrlo porque tengo tantas responsabilidades que dependen de mi tiempo, de mi cariño, de mi fortaleza, de mi vitalidad disminuida, de mi dedicación, de mi entrega, de mi paciencia, de mi templanza que ya no queda, de mi amor porque no quiero dañar a nadie, y también de mis ingresos, que ya no sé que pensar y creo que desde hace algún tiempo tampoco estoy pensando.

Nado en emociones cambiantes de frustración, satisfacción, pena, angustia, alegría, desolación y soledad. Me siento atrapada en este ir y venir que no me da tregua.

Hoy partí escribiendo porque perdí la pasión en el trabajo, pero parece que la perdí por más que eso. Porque aunque trabajar sea solo un medio, no puedo dejar de pensar que lo siento alienante, porque nos consume la vida entera, 45 horas semanales o más, por 40 años para salir en algún momento al mundo a disfrutar de la juventud, de los hijos, de la vida en pareja y de la buena salud que ya se fueron.

¡No quiero eso!

Por ahora solo quiero que esas alienantes horas sean satisfactorias, para que pasen volando y así también vuele hacia lo que realmente importa y pueda ver la vida con otros ojos. Con esperanza. Miento, porque también quiero tener fortuna de recibir un premio millonario que me permita alivianar la carga y proyectarme en el ser y no solo en este deber ser que ya me consumió.

Mientras tanto, marco el paso por el infinito aburrimiento, haciendo caso a mi sentido de la responsabilidad y lealtad por los que me acompañan, dejándome llevar por el miedo que paraliza, ese que me impide soltar y me mantiene confundida mientras temo a perder lo que conseguí hipotecando tantos años de la vida.

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Historias y reflexiones de la vida misma – Parte 2

El término “la vida misma” no es mío, es un término que usa una amiga cuando le comento de algún agobio que me parece insuperable y para ella no es más que…la vida misma.

Hace unas semanas, cuando salíamos del cementerio, luego de despedir a la pareja de una amiga muy especial, ella me abrazó cargada de emociones y me dio las gracias por haberle dado un consejo que cambió su vida y le hizo vivir la más bella experiencia de amor. Me sentí responsable y feliz por haber contribuido a hacer su vida más plena, pero también me sentí responsable y triste por el dolor que estaba sintiendo por la partida de su pareja, ya que de alguna manera ambas experiencias estaban ligadas y sentí que fueron en parte consecuencia de mi intervención.

Todo tiene una causa, todo tiene una consecuencia.

A partir de ese momento, me puse a reflexionar y comprendí la relevancia de cada una de las acciones que realizamos día a día, consciente o inconscientemente, y sus efectos. No solo en nosotros y en nuestros seres más cercanos, sino también en otras personas, que tal vez ni siquiera están en nuestro radar.

¿Cuántos consejos hemos recibido en nuestra vida que han cambiado nuestro rumbo, ya sea porque los hemos dejado pasar o bien los hemos hecho vida? En la total inconsciencia, ¿cuántas veces hemos sido el ejemplo o el referente para otras personas, sin saberlo? ¿y cuán responsables somos de las consecuencias de los consejos que hemos dado con total convencimiento de estar realizando un buen acto?

Cuando era niña, vi una foto de una joven, vestida con una jardinera celeste, sentada sobre una alfombra llena de juguetes de colores junto a un niñito con el que evidentemente jugaba, esa imagen activó en mí la proyección de la mamá que quería ser cuando grande. Y podría describir muchas otras situaciones en donde las imágenes, ideas, palabras, acciones y experiencias sensoriales y emocionales, se transformaron en la causas que gatillaron consecuencias relevantes para nuestras vidas.

Y al pensar en esto me vienen muchas ideas, pero hay algo que creo esencial para contribuir de manera virtuosa en la vida de cada uno y de los demás: Vivir de manera consciente”.

¿Y eso qué significa en términos prácticos? Para mí significa, dejar de ser mente y volver a ser sentidos: mirar, oler, tocar, abrazar, saber, escuchar, establecer contacto, percibir quien soy, reconocer donde estoy y con quienes, permitirme ser emoción y sentir y usar la mente para nuestro beneficio no para coartarnos.

En otras palabras, dejar de lado “el piloto automático” y vivir la experiencia del trayecto a casa y no llegar a casa sin saber cómo lo hicimos. Y en esa experiencia de creación consciente, dar lo mejor de nosotros mismos, para que nuestra influencia en la vida misma produzca las correspondientes consecuencias en quienes amamos y nos rodean, aunque no sepamos siquiera quienes son.

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Historias y reflexiones de la vida misma – Parte 1

Desde la última vez que escribí he tenido la fortuna de vivir diversas experiencias para reflexionar acerca de la vida, la muerte, el amor, el apego, la naturaleza, la paz interior, en fin de muchos temas.

Ir de vacaciones al Valle del Elqui fue todo un acierto. Dejamos de lado la tecnología, aunque ahora hay una antena de entel que conecta al Valle con el mundo. Eso me entristeció, yo quería que el Valle permaneciera eternamente aislado de todo lo que hoy nos facilita la vida al mismo tiempo que nos agobia. Fui egoísta, porque pensé solo en mi bienestar personal y algunos elquinos estaban realmente agradecidos por estar conectados.

Una semana y media de despertar y acostarse en relación al ritmo de la naturaleza, de comer por necesidad y no por ansiedad, de jugar con piedras, arena, palitos y agua, mucha agua, de compartir mis lecturas con los niños y ellos compartir sus propias experiencias en familia, de hacer y disfrutar de una fogata y de bañarme cada mañana y tarde en el río Cochiguaz, frío, intenso, puro y abrazador, entre otros muchos otros placeres sencillos de la vida, como respirar consciente.

Ver jugar o entretenidos a los niños, de todas las edades, con su entorno inmediato, la naturaleza, un libro, su familia, el cielo y las estrellas me hizo inmensamente feliz, ver a Luis cortando y puliendo tronquitos secos para hacernos collares familiares y orgánicos, todos pintando piedras y disfrutando de lo mismo, nos convenció como familia que debemos tener periódicamente vacaciones como estas. Al menos una vez al año y así será.

Llegó el día de regresar a casa y nunca es fácil, compramos recuerdos pensando en que tendremos tiempo de disfrutarlos más adelante, estamos llenos de paz, de nosotros mismos, maravillosos, ingenuos, alegres, optimistas y esperanzados porque sabemos que regresaremos pronto. Se viene el eclipse del 2 de julio y queremos estar ahí.

Fines de febrero, regreso a la oficina por una semana y media, cambio de autoridades a partir de ese mismo día. Me paso una semana y media totalmente absorta en lo laboral…Elqui como te extraño, familia NO conectada como te extraño…y en paralelo buscamos quien nos apoye en las tareas de la casa, reciba a los niños cada día y cuide a la abuelita, reciclamos, compramos y preparamos los útiles, dejamos a los niños en su día 1 del colegio y jardín de 2019….y todo fluyó en armonía, inclusive nuestra gatita un miércoles por la noche fue mamá de 5 gatitos preciosos….nunca me sentí más unida a esa gatita, que cuando la vi guatona, luego asistiéndola en el parto y ahora cuando cuida de sus cachorritos.

Somos todos uno.

Tal vez me ayudaron a mantener la paz y la confianza en el devenir las duchas con agua extra fría que me transportaban por unos segundos al ritmo natural del “no deseo nada con ansia”, “no tengo más que el ahora”. O despertar cada mañana cantando un mantra del álbum “21 días Viaje se Meditación Mantra” con Deva Premal y Miten (https://open.spotify.com/album/5iWr3EHTZnkw3ynPplhojk?si=JrdlXGaiQei1npbp71iDog ) con mi Mala en la mano.

Porque también hay otra antena en Cochiguaz, la ermita del Buda Syakamuni que pasamos a conocer y terminamos teniendo una mini charla de introducción al budismo. Ahí compré mi Mala, un collar de madera de 108 cuentas para cantar los mantras. Ya escribiré de eso porque he estado estudiando al respecto.

A los días partimos con Luis y nuestra hija pequeña a Ciudad de México al primer cumpleaños y bautizo de nuestra sobrina nieta Isabella. México como siempre nos recibió de brazos abiertos – nos reunimos con familiares de Paraguay, Chile y México en torno a una fiesta tan entretenida y masiva que se extendió por muchas horas más de lo planificado. En esta oportunidad conocimos nuevas costumbres, estuvimos en unas bellas villas de Morelos, el Museo Antropológico de CdM, Xochimilco y el Estadio Azteca en un clásico del Chivas de Guadalajara vs el América de local y nos repetimos el Mercado de Sonora, pasear por La Condesa y comimos variado y rico como siempre. Un viaje cortito pero lleno de tranquilidad y descanso para padres que poco tiempo tienen para estar solos. Mientras nuestros hijos más grandes y la abuelita en casa se las arreglaron de maravilla y respondieron más allá de nuestras expectativas . Y a nuestro regreso los adolescentes nos pidieron seguir caminando solos de la casa al colegio cada mañana y como ya lo habían hecho en nuestra ausencia les dijimos que bueno, pero le pedí a mi hija que me enviara su ubicación en tiempo real por seguridad.

Cuando la cuerda se suelta, aunque lo intentes, no podrás volver a dejarla en la posición inicial. Eso pasa cuando le damos libertad a los hijos, no hay vuelta atrás, aunque en nuestra imaginación de padres creamos que sí la hay.

Continuará…

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Son tantas las ideas…y pocas las publicaciones

Son tantas las ideas y los temas de los que quiero escribir, como si cada idea y su reflexión fuera una mariposa excepcional y única que visita mi jardín y no logro atrapar.

¿Pero cuanto tiempo dispongo para observarlas, correr tras ellas y capturarlas en mis publicaciones? Realmente muy poco.

Ahora por ejemplo, estoy en la consulta del dentista esperando que me atiendan con una novela turca de música de fondo. En otras oportunidades solo me quedo en el imaginario.

Tengo muchos borradores iniciados con temas que me inspiraron respecto de los cuales ya no siento lo mismo. Los comencé con un enfoque y los retomo con otro muy distinto que no me satisface. Dejan de tener sentido!

Es loco, porque las publicaciones que prosperan nacen redondas, de una, después solo hay que pulirlas y a veces ni eso.

Alzhaimer, padres, abuelos, adolescentes, niños, maridos, amigos, alcohol, drogas, sexo, rock and roll, espiritualidad, equilibrio, energía, sensaciones, armonizar, pensar, crear, pensar, existir, pensar, ser, cocrear, desapego, lo mato, la mato, lo quiero, la quiero, me voy, me quedo, te dije, hasta cuando, enojo, que rabia, que pena, que pasa, no entiendo, que siento, alegría, risas, bienestar, satisfacciones, paz, placer, salud, buenas energías, malas energías, predicciones, percepciones, hippismo, abrazo, más abrazos, más abrazos, se fueron, pero se quedaron, los quiero, nos quieren, nos cuidan, agradezco, cada día, volar , flotar, oler, saber, oir, disfrutar, medicarse no es sanarse, mejor dormir a pata suelta, mamá ya es de día, una sonrisa, dos sonrisas, tres sonrisas, cuatro sonrisas, cinco sonrisas, seis sonrisas y la mía…te amo, llegué a puerto, que alivio, que rico. El trabajo, las responsabilidades, me quiero quedar, pucha me quiero ir, estoy chata, no soy suficientemente buena!, siempre hay de quien aprender, que buena soy!, arar con los bueyes que tengo es el desafío de la vida misma, se me cae un ojo, me mareo y mi vida? …ah! mi vida….reiki, doc….nadie dijo que iba a ser fácil, más abrazos por favor, ya decidí no sufrir, sígueme, …..Om

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