Historias y reflexiones de la vida misma – Parte 2

El término “la vida misma” no es mío, es un término que usa una amiga cuando le comento de algún agobio que me parece insuperable y para ella no es más que…la vida misma.

Hace unas semanas, cuando salíamos del cementerio, luego de despedir a la pareja de una amiga muy especial, ella me abrazó cargada de emociones y me dio las gracias por haberle dado un consejo que cambió su vida y le hizo vivir la más bella experiencia de amor. Me sentí responsable y feliz por haber contribuido a hacer su vida más plena, pero también me sentí responsable y triste por el dolor que estaba sintiendo por la partida de su pareja, ya que de alguna manera ambas experiencias estaban ligadas y sentí que fueron en parte consecuencia de mi intervención.

Todo tiene una causa, todo tiene una consecuencia.

A partir de ese momento, me puse a reflexionar y comprendí la relevancia de cada una de las acciones que realizamos día a día, consciente o inconscientemente, y sus efectos. No solo en nosotros y en nuestros seres más cercanos, sino también en otras personas, que tal vez ni siquiera están en nuestro radar.

¿Cuántos consejos hemos recibido en nuestra vida que han cambiado nuestro rumbo, ya sea porque los hemos dejado pasar o bien los hemos hecho vida? En la total inconsciencia, ¿cuántas veces hemos sido el ejemplo o el referente para otras personas, sin saberlo? ¿y cuán responsables somos de las consecuencias de los consejos que hemos dado con total convencimiento de estar realizando un buen acto?

Cuando era niña, vi una foto de una joven, vestida con una jardinera celeste, sentada sobre una alfombra llena de juguetes de colores junto a un niñito con el que evidentemente jugaba, esa imagen activó en mí la proyección de la mamá que quería ser cuando grande. Y podría describir muchas otras situaciones en donde las imágenes, ideas, palabras, acciones y experiencias sensoriales y emocionales, se transformaron en la causas que gatillaron consecuencias relevantes para nuestras vidas.

Y al pensar en esto me vienen muchas ideas, pero hay algo que creo esencial para contribuir de manera virtuosa en la vida de cada uno y de los demás: Vivir de manera consciente”.

¿Y eso qué significa en términos prácticos? Para mí significa, dejar de ser mente y volver a ser sentidos: mirar, oler, tocar, abrazar, saber, escuchar, establecer contacto, percibir quien soy, reconocer donde estoy y con quienes, permitirme ser emoción y sentir y usar la mente para nuestro beneficio no para coartarnos.

En otras palabras, dejar de lado “el piloto automático” y vivir la experiencia del trayecto a casa y no llegar a casa sin saber cómo lo hicimos. Y en esa experiencia de creación consciente, dar lo mejor de nosotros mismos, para que nuestra influencia en la vida misma produzca las correspondientes consecuencias en quienes amamos y nos rodean, aunque no sepamos siquiera quienes son.

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Historias y reflexiones de la vida misma – Parte 1

Desde la última vez que escribí he tenido la fortuna de vivir diversas experiencias para reflexionar acerca de la vida, la muerte, el amor, el apego, la naturaleza, la paz interior, en fin de muchos temas.

Ir de vacaciones al Valle del Elqui fue todo un acierto. Dejamos de lado la tecnología, aunque ahora hay una antena de entel que conecta al Valle con el mundo. Eso me entristeció, yo quería que el Valle permaneciera eternamente aislado de todo lo que hoy nos facilita la vida al mismo tiempo que nos agobia. Fui egoísta, porque pensé solo en mi bienestar personal y algunos elquinos estaban realmente agradecidos por estar conectados.

Una semana y media de despertar y acostarse en relación al ritmo de la naturaleza, de comer por necesidad y no por ansiedad, de jugar con piedras, arena, palitos y agua, mucha agua, de compartir mis lecturas con los niños y ellos compartir sus propias experiencias en familia, de hacer y disfrutar de una fogata y de bañarme cada mañana y tarde en el río Cochiguaz, frío, intenso, puro y abrazador, entre otros muchos otros placeres sencillos de la vida, como respirar consciente.

Ver jugar o entretenidos a los niños, de todas las edades, con su entorno inmediato, la naturaleza, un libro, su familia, el cielo y las estrellas me hizo inmensamente feliz, ver a Luis cortando y puliendo tronquitos secos para hacernos collares familiares y orgánicos, todos pintando piedras y disfrutando de lo mismo, nos convenció como familia que debemos tener periódicamente vacaciones como estas. Al menos una vez al año y así será.

Llegó el día de regresar a casa y nunca es fácil, compramos recuerdos pensando en que tendremos tiempo de disfrutarlos más adelante, estamos llenos de paz, de nosotros mismos, maravillosos, ingenuos, alegres, optimistas y esperanzados porque sabemos que regresaremos pronto. Se viene el eclipse del 2 de julio y queremos estar ahí.

Fines de febrero, regreso a la oficina por una semana y media, cambio de autoridades a partir de ese mismo día. Me paso una semana y media totalmente absorta en lo laboral…Elqui como te extraño, familia NO conectada como te extraño…y en paralelo buscamos quien nos apoye en las tareas de la casa, reciba a los niños cada día y cuide a la abuelita, reciclamos, compramos y preparamos los útiles, dejamos a los niños en su día 1 del colegio y jardín de 2019….y todo fluyó en armonía, inclusive nuestra gatita un miércoles por la noche fue mamá de 5 gatitos preciosos….nunca me sentí más unida a esa gatita, que cuando la vi guatona, luego asistiéndola en el parto y ahora cuando cuida de sus cachorritos.

Somos todos uno.

Tal vez me ayudaron a mantener la paz y la confianza en el devenir las duchas con agua extra fría que me transportaban por unos segundos al ritmo natural del “no deseo nada con ansia”, “no tengo más que el ahora”. O despertar cada mañana cantando un mantra del álbum “21 días Viaje se Meditación Mantra” con Deva Premal y Miten (https://open.spotify.com/album/5iWr3EHTZnkw3ynPplhojk?si=JrdlXGaiQei1npbp71iDog ) con mi Mala en la mano.

Porque también hay otra antena en Cochiguaz, la ermita del Buda Syakamuni que pasamos a conocer y terminamos teniendo una mini charla de introducción al budismo. Ahí compré mi Mala, un collar de madera de 108 cuentas para cantar los mantras. Ya escribiré de eso porque he estado estudiando al respecto.

A los días partimos con Luis y nuestra hija pequeña a Ciudad de México al primer cumpleaños y bautizo de nuestra sobrina nieta Isabella. México como siempre nos recibió de brazos abiertos – nos reunimos con familiares de Paraguay, Chile y México en torno a una fiesta tan entretenida y masiva que se extendió por muchas horas más de lo planificado. En esta oportunidad conocimos nuevas costumbres, estuvimos en unas bellas villas de Morelos, el Museo Antropológico de CdM, Xochimilco y el Estadio Azteca en un clásico del Chivas de Guadalajara vs el América de local y nos repetimos el Mercado de Sonora, pasear por La Condesa y comimos variado y rico como siempre. Un viaje cortito pero lleno de tranquilidad y descanso para padres que poco tiempo tienen para estar solos. Mientras nuestros hijos más grandes y la abuelita en casa se las arreglaron de maravilla y respondieron más allá de nuestras expectativas . Y a nuestro regreso los adolescentes nos pidieron seguir caminando solos de la casa al colegio cada mañana y como ya lo habían hecho en nuestra ausencia les dijimos que bueno, pero le pedí a mi hija que me enviara su ubicación en tiempo real por seguridad.

Cuando la cuerda se suelta, aunque lo intentes, no podrás volver a dejarla en la posición inicial. Eso pasa cuando le damos libertad a los hijos, no hay vuelta atrás, aunque en nuestra imaginación de padres creamos que sí la hay.

Continuará…

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