Historias y reflexiones de la vida misma – Parte 1

Desde la última vez que escribí he tenido la fortuna de vivir diversas experiencias para reflexionar acerca de la vida, la muerte, el amor, el apego, la naturaleza, la paz interior, en fin de muchos temas.

Ir de vacaciones al Valle del Elqui fue todo un acierto. Dejamos de lado la tecnología, aunque ahora hay una antena de entel que conecta al Valle con el mundo. Eso me entristeció, yo quería que el Valle permaneciera eternamente aislado de todo lo que hoy nos facilita la vida al mismo tiempo que nos agobia. Fui egoísta, porque pensé solo en mi bienestar personal y algunos elquinos estaban realmente agradecidos por estar conectados.

Una semana y media de despertar y acostarse en relación al ritmo de la naturaleza, de comer por necesidad y no por ansiedad, de jugar con piedras, arena, palitos y agua, mucha agua, de compartir mis lecturas con los niños y ellos compartir sus propias experiencias en familia, de hacer y disfrutar de una fogata y de bañarme cada mañana y tarde en el río Cochiguaz, frío, intenso, puro y abrazador, entre otros muchos otros placeres sencillos de la vida, como respirar consciente.

Ver jugar o entretenidos a los niños, de todas las edades, con su entorno inmediato, la naturaleza, un libro, su familia, el cielo y las estrellas me hizo inmensamente feliz, ver a Luis cortando y puliendo tronquitos secos para hacernos collares familiares y orgánicos, todos pintando piedras y disfrutando de lo mismo, nos convenció como familia que debemos tener periódicamente vacaciones como estas. Al menos una vez al año y así será.

Llegó el día de regresar a casa y nunca es fácil, compramos recuerdos pensando en que tendremos tiempo de disfrutarlos más adelante, estamos llenos de paz, de nosotros mismos, maravillosos, ingenuos, alegres, optimistas y esperanzados porque sabemos que regresaremos pronto. Se viene el eclipse del 2 de julio y queremos estar ahí.

Fines de febrero, regreso a la oficina por una semana y media, cambio de autoridades a partir de ese mismo día. Me paso una semana y media totalmente absorta en lo laboral…Elqui como te extraño, familia NO conectada como te extraño…y en paralelo buscamos quien nos apoye en las tareas de la casa, reciba a los niños cada día y cuide a la abuelita, reciclamos, compramos y preparamos los útiles, dejamos a los niños en su día 1 del colegio y jardín de 2019….y todo fluyó en armonía, inclusive nuestra gatita un miércoles por la noche fue mamá de 5 gatitos preciosos….nunca me sentí más unida a esa gatita, que cuando la vi guatona, luego asistiéndola en el parto y ahora cuando cuida de sus cachorritos.

Somos todos uno.

Tal vez me ayudaron a mantener la paz y la confianza en el devenir las duchas con agua extra fría que me transportaban por unos segundos al ritmo natural del “no deseo nada con ansia”, “no tengo más que el ahora”. O despertar cada mañana cantando un mantra del álbum “21 días Viaje se Meditación Mantra” con Deva Premal y Miten (https://open.spotify.com/album/5iWr3EHTZnkw3ynPplhojk?si=JrdlXGaiQei1npbp71iDog ) con mi Mala en la mano.

Porque también hay otra antena en Cochiguaz, la ermita del Buda Syakamuni que pasamos a conocer y terminamos teniendo una mini charla de introducción al budismo. Ahí compré mi Mala, un collar de madera de 108 cuentas para cantar los mantras. Ya escribiré de eso porque he estado estudiando al respecto.

A los días partimos con Luis y nuestra hija pequeña a Ciudad de México al primer cumpleaños y bautizo de nuestra sobrina nieta Isabella. México como siempre nos recibió de brazos abiertos – nos reunimos con familiares de Paraguay, Chile y México en torno a una fiesta tan entretenida y masiva que se extendió por muchas horas más de lo planificado. En esta oportunidad conocimos nuevas costumbres, estuvimos en unas bellas villas de Morelos, el Museo Antropológico de CdM, Xochimilco y el Estadio Azteca en un clásico del Chivas de Guadalajara vs el América de local y nos repetimos el Mercado de Sonora, pasear por La Condesa y comimos variado y rico como siempre. Un viaje cortito pero lleno de tranquilidad y descanso para padres que poco tiempo tienen para estar solos. Mientras nuestros hijos más grandes y la abuelita en casa se las arreglaron de maravilla y respondieron más allá de nuestras expectativas . Y a nuestro regreso los adolescentes nos pidieron seguir caminando solos de la casa al colegio cada mañana y como ya lo habían hecho en nuestra ausencia les dijimos que bueno, pero le pedí a mi hija que me enviara su ubicación en tiempo real por seguridad.

Cuando la cuerda se suelta, aunque lo intentes, no podrás volver a dejarla en la posición inicial. Eso pasa cuando le damos libertad a los hijos, no hay vuelta atrás, aunque en nuestra imaginación de padres creamos que sí la hay.

Continuará…

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México: lenguaje, comida y tradiciones

Cuando mi hermana regresó a vivir a Chile después de 17 años en México, nos empapó de una cultura de la que no paraba de hablar y practicar a diario con mucho cariño y agradecimiento.

En ese tiempo yo tenía una hija de 3 años que por un viaje de trabajo tuve que dejar con su tía un par de semanas, tiempo suficiente para que se transformara en su regalona y en una exponente del español mexicano. Gustaba del color “rosa” (no rosado), asistía a la “guardería” (no al jardín), era “consentida” (no regalona), decía “que guapo”(no que mino), dormía en su “cuarto” (no en su pieza) y me pasaba el “periódico” en vez del diario los fines de semana.

Al menos no decía “mande” ni “ahorita” que mi hermana prohibió utilizar a sus hijos, porque siempre lo encontró demasiado servicial. Pero eso no fue todo, tiempo después mi hermana vivió con nostras alrededor de un año y compartió “cuarto” con mi hija, lo que la llevó a conocer la teleserie de Lucerito: “Soy tu Dueña”. Que hoy 8 años más tarde, están transmitiendo en www.tvn.cl, con la súper estrella mexicana recién salida del upgrade quirúrgico, rodeada de personajes variopintos algunos con poca ropa, que se pasean o hacen que trabajan en las “haciendas” o duermen una que otra siesta fogosa con la “malvada” o el “malvado” de la novela. Y no es que yo sea pacata, pero a modo de anécdota les cuento que en ese periodo mi hija me preguntó – ¿Mamá, los pololos duermen desnudos? No recuerdo que le respondí,  solo recuerdo mi tremenda impresión y el auto-convencimiento reforzado de que las teleseries son malas para los niños.

Pero aparte de esos detalles, reconozco que fue una buena época porque conocimos los “chilaquiles”, el “mole”, la “tinga de pollo” y los “huevos estrellados”, que mi hermana cocinaba para nosotras y los amigos más cercanos. Cuando fui a México después de esta experiencia culinaria llegué a probar los “tacos al pastor” de los que mi hermana y sus hijos siempre hablaban, los que imaginaba en grandes tortillas de trigo y me encontré con que eran pequeñitos, de maíz, los vendían de a tres unidades , rellenos con carne de cordero, cebolla picada y cilantro, jugo de limón y ajíes a gusto. Realmente eran una delicia!

También quise validar lo que mi hermana nos había preparado en Chile y sacó 10 puntos en todo. En Chile tenemos la fortuna de que venden todos los ingredientes para preparar los más ricos y auténticos platos de comida Mexicana en muchos supermercados.

En cada celebración o evento importante, mi hermana se ponía nostálgica y nos enseñaba de las tradiciones Mexicanas y trataba de incorporarlas en nuestras costumbres o bien nos contaba las aventuras de mis sobrinos. Una nostalgia llena de bonitos recuerdos y alegría.

  • En navidad (24 de diciembre) se realiza una cena familiar y en la Pascua de Reyes (6 de enero) se corta la Trenza de Reyes y se entregan regalos a los niños. Mis sobrinos chilenos, exigían regalos en ambas fechas.
  • Cuando se acerca la fecha del Día de Muertos en cada hogar se monta un altar con fotos de sus difuntos, los que se acompañan con lo que más les gustaba, sus cosas, la comida, en general cosas significativas. Se adorna el altar con la flor tradicional llamada cempazuchitl y con imágenes religiosas. Es tradición también el Día de Muertos pintarse el rostro de calavera o   bien de Catrina o  Xibalba (chibalba) y los más arraigados a la tradición junto al altar o en el cementerio cenan junto a sus muertos.

Tiempo después, al ver las películas “El libro de la vida” y “Coco” nos quedaron a todos en casa mucho más claras las costumbres y creencias mexicanas: nuestros seres queridos estarán junto a nosotros mientras los llevemos en nuestros corazones y esta nueva manera de ver la vida nos ha ayudado como familia a sentirnos más reconfortados, por lo que este año hicimos un altar a la chilena en nuestra casa.

No quiero que lloren cuando muera, quiero que se alegren, porque transitaré hacia otra vida que sé será buena.

Continuará…