Estado de luna

Cada cierto tiempo pierdo el sentido de vivir, lo que sucede cada vez que dedico mucho tiempo al deber ser.

Despierto cada día de la semana con el único deseo de seguir durmiendo, con la angustia de perder el tiempo en la cama o en el trabajo, mientras la vida pasa. Y, ¿qué hago para remediarlo? ¡Nada! porque no soy capaz de poner la marcha en primera y echar a andar mi motor interno.

Es verano, los días están preciosos, no hace tanto calor en la costa y corre esa agradable brisa que no encontramos en Santiago, lo que debería animarme a salir, pero esta casa que me atrapa…

Tengo una bicicleta esperando a ser usada, un cuerpo hambriento de movimiento, sol y oxígeno, que se atrofia cada día que no se esfuerza. Tengo dinero para gastar en banalidades, amigos que me llaman y me invitan para que comparta con ellos y lo más importante de todo tengo una hija pequeña que me necesita activa y con deseos de vivir.

Pero nada logra sacarme de este “estado de luna”.

En la semana, siento, pienso, huelo a trabajo y me gusta. Parece desafiarme a cada instante y la adrenalina me mantiene feliz. Parece que haciendo lo que debo (ese deber) alcanzo plena satisfacción. Me gusta analizar, vincular ideas y situaciones, armar mapas mentales de todos los escenarios que tengo a la vista. Me gusta tener respuestas ciertas y dar soluciones. Anteponerme a situaciones complejas, escuchar y apaciguar los ánimos. Buena capacidad de abstracción, dicen algunos, empatía, dicen otros.

He permanecido tanto tiempo trabajando que percibo que ya no me quedan amigos fuera de la oficina o se cansaron de llamarme o no me motiva buscarlos y los de la oficina no son mis amigos, porque jamás he querido tener amigos de la oficina.

Le dedico tanto tiempo y esfuerzo a trabajar que ya no me quedan fuerzas para ser algo que no sea una trabajadora y una mamá cumplidora y amorosa.

Me sorprende lo brillante e idiota que puedo llegar a ser en todos los ámbitos de mi vida. Y hoy soy idiota y me frustra no poder escapar de este estado que me tiene sin luz propia, como la luna.

Me siento en el balcón, prendo un cigarro y fumo mirando el mar, siento la brisa fría y agradable en mi rostro. No estoy sola, mi hija está viendo discovery kids y reconozco mi necesidad de hablar con un adulto, pero no cualquier adulto. Alguien que me contenga.

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